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Derecho al parto naturalRealizado por Elisabeth Schaupp El nacimiento de una nueva vida debería ser la culminación de un proceso, que ya se hubiera iniciado durante el embarazo, de comunicación íntima e intensa entre la madre y su hijo/a, en donde el diálogo físico, emocional y energético entre ambos permitiera que el parto se desarrollara de un modo natural, sin que intervenciones bioquímicas o mecánicas entorpecieran o debilitaran este contacto único. Para los progenitores, la experiencia del parto también tiene consecuencias, pues cuando el nacimiento se convierte en una experiencia angustiante y frustrante, los padres pueden presentar dificultades para establecer un vínculo afectivo sólido y profundo con su hijo/a. Lo que puede acabar traduciéndose en que la lactancia materna no se produzca o que tengan dificultades para aceptar el llanto de su hijo/a, que es el modo que tiene el bebé de expresarse emocionalmente. Dado que este proceso natural se puede bloquear con relativa facilidad, debido a la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran tanto la madre como su hijo/a, es necesario que se tengan en cuenta y se cuiden todos los aspectos que pueden entorpecer su buen desarrollo. Estamos en total desacuerdo con el uso generalizado e indiscriminado de anestesias como la epidural o de la aplicación de la oxitocina, porque impiden o dificultan que la madre pueda colaborar activamente en el nacimiento de su hijo/a. En esta situación, la madre necesita mantenerse plenamente consciente de su cuerpo, de lo que siente y estar receptiva a las manifestaciones y respuestas de su bebé y que, en todo momento, sean respetados sus ritmos fisiológicos, así como su tiempo particular de evolución. Del mismo modo consideramos que la aplicación de técnicas traumáticas como la ruptura de membranas, las cesáreas, los forceps y las ventosas sólo deben aplicarse cuando resulten absolutamente necesarias. El objetivo debe ser que la tecnología se encuentre siempre al servicio del niño/a y su madre, de su bienestar y equilibrio somático-emocional, y no de las instituciones médicas que, demasiado a menudo, priorizan los intereses de los profesionales o toman decisiones basándose más en cuestiones económicas. Consideramos necesario ir perfilando, cada vez con mayor claridad, en qué casos resulta imprescindible recurrir a la tecnología obstétrica y cuándo hay que dejar que la madre realice el proceso de un modo natural, aunque con todo el apoyo que resulte necesario. Ya durante el embarazo, la madre debería recibir la atención psicológica necesaria que le permitiera tomar conciencia de los sentimientos y emociones que puedan entorpecer el establecimiento de un vínculo afectivo con el hijo/a que se desarrolla en su interior. Deberían procesarse, en la medida de lo posible, todas las circunstancias que provoquen en la madre un alto nivel de estrés o ansiedad: el posible rechazo, aunque sea inconsciente, a quedarse embarazada; la posible decepción cuando el sexo del bebé no coincide con el deseado; la angustia de haber perdido a un bebé en un embarazo anterior; problemas económicos; el miedo a no poder soportar el dolor del parto; posibles problemas de pareja o dificultades para compaginar el embarazo y el nacimiento de un hijo/a con sus proyectos profesionales, etc... El parto es una situación en la que tanto la madre como su hijo se encuentran extremadamente vulnerables y sensibles a todo lo que ocurre y si no reciben todo el contacto, apoyo y empatía que física y emocionalmente necesitan. Dada la trascendencia que tienen todas las vivencias del parto, para nuestra posterior visión de la vida, consideramos imprescindible y obligado, que se cuiden y faciliten las condiciones más óptimas para que el contacto entre la madre y su bebé no se interrumpa durante todo el proceso de nacimiento, en una actitud de profundo respeto al inicio de la vida.
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